Estamos ante
un mapa meteorológico que presenta el estado de la atmósfera en superficie
mediante isobaras o líneas que unen los puntos con la misma presión
atmosférica, el 19 de octubre de 1973. En él podemos distinguir los
siguientes centros de acción:
– Centros de
acción anticiclónicos: el anticiclón tropical de las Azores en el Atlántico,
al oeste de la Península y alto en latitud, como corresponde a esta época
del año.
– Centros de
acción de bajas presiones: una borrasca al oeste de la Península
escandinava, asociada a frentes cálidos y fríos, situada al norte de la
trayectoria zonal de la corriente en chorro; y una borrasca en el SE de la
Península Ibérica, correspondiente a una profunda vaguada de la corriente
en chorro, que en ocasiones pueden llegar a desgajarse del chorro principal e
individualizar estas bajas presiones de aire muy frío rodeado de aire cálido.
Estas borrascas de aire muy frío se desploman a la superficie terrestre,
obligando al aire cálido de las capas bajas de la atmósfera a ascender de forma
violenta, lo que origina abundantes precipitaciones. Estas precipitaciones
pueden llegar a adquirir un carácter torrencial con efectos catastróficos
cuanto más cálida y húmeda sea la masa de aire que se ve obligada a ascender.
Por ello, las gotas frías alcanzan su apogeo en el levante mediterráneo a
finales de verano y durante todo el otoño, cuando más caliente está el
Mediterráneo y más frecuentes son las irrupciones de aire frío en altura. La
fecha nos sitúa en el Equinoccio de Otoño, por lo que en las Islas Baleares y
Canarias, en situación anticiclónica, el tiempo se mantiene estable y cálido.

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